Polaris

Salimos junto a algunos marineros de la cafetería del hotel. Comenzamos a caminar hacia el centro del pueblo. Quedaba una luz débil que aguantaría hasta la medianoche. Había algunos charcos y caía un aguanieve delicado que se evaporaba al tocar la piel o la ropa. Apretaba el viento y no había nadie aparte de nosotros…

Fantasmas de la ciudad

Al poco de regresar a la ciudad, tras muchos años viviendo fuera, el escritor se encaramó a lo alto de esa sierra que los autóctonos llaman Collserola. Lo que desde allí vio le permitió distinguir unas pocas calles cuyo trazado desciende casi perfecto atravesando la ciudad en canal hasta morir poco antes de alcanzar el…

Nuestro pan de cada día

Los pueblos pequeños sobrellevan mal los conflictos que les imponían los países y religiones más grandes y poderosos, el cristianismo oriental y el occidental. El mosaico balcánico ofrece ejemplos trágicos de ello. Muchas tribus vivían en este espacio entre la influencia bizantina y la romana. Se ha dicho casi todo sobre las relaciones entre católicos…

El enfermero de Lenin

Hoy cumplo trece años y, por tanto, tengo trescientos sesenta y cinco días de mala suerte por delante. Estoy sentado en la escalinata del monumento a Cristobal Colón, la espalda contra el pedestal donde reposan los leones de piedra que miran hacia el horizonte. Espero que algún pájaro se me cague encima y todo el…

Un día en el atardecer del mundo

La anciana le limpió el mentón con un pañuelo suave que desprendía otra fragancia dulzona, y mientras caminaban él se comió el melocotón: la piel, el jugo, la carne, todo. El hueso rugoso se lo metió en la boca para limpiarlo, y después empezó a buscar un bolsillo donde guardarlo. –Esos pantalones no tiene bolsillos…

Domingo sombrío

  Hubiera podido suceder que Imre no se enterara nunca de esta historia. Ni Pál ni el abuelo hablaban de las viejas penas. Pero su tía Panka decidió contársela en la primavera de 1992, en un café verde y negro que estaba cerca del hospital Sándor. Era la cuasi gemela preferida de Imre. Era un…

Muhammad Al-Maghut

TATUAJE de Muhammad Al-Maghut   Ahora en la tercera hora del siglo veinte donde nada separa los cuerpos inertes de los zapatos de los peatones sino una fina capa del asfalto voy a sentarme en medio del paseo como un viejo jeque beduino y no me voy a levantar hasta que todos los barrotes de…